lunes, 2 de diciembre de 2013

C U E N T O S

Nuestros cuentos

Cuentos de Lucía B. Marta Man. Rosa y Cari. Luís, Nuria, Fran, Lucía R. y Dani.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Rosa, crack.
Que imaginacion tienes.
TE QUIERO.

Marta Mancheño dijo...

Eres diego

Anónimo dijo...

UN MARAVILLOSO VIAJE A MIS SUEÑOS.

Hace mucho tiempo en una pequeña ciudad vivía un niño llamado Hugo.
Hugo siempre soñaba con cosas interesantes.
Al día siguiente, al ir a clase, Hugo pensaba con poder ver cómo sería vivir en sus propios sueños.
Hugo probaba con cosas de todo tipo: pócimas, máquinas, inventos...pero nada funcionaba.
Entonces Hugo se dio cuenta de que necesitaba a alguien que le ayudase, y llamó a su amigo Alex.
Cómo Alex no sabía nada, fue con ayuda de su padre.
Su padre les decía que para poder hacer el invento tenía que viajar a una isla llamada Rácrib.
Al cabo de llevarse allí unos días, encontraron una cueva oscura, que parecía tenebrosa y sucia.
El padre de Alex les dijo, -esperad aquí fuera, no quiero que os pase nada malo.
Al entrar, su padre pisó una de las losas de aquella cueva, y de repente un sonido se escucho entre la oscuridad de la cueva. Varias trampas se activaron y una enorme bola gigante se abalanzó sobre él.
Su padre gritó y Hugo fue corriendo a ver que le sucedía. Hugo y Alex le libraron de aquella bola gigante, y pensaron que ya que habían tantas trampas, era posible que estuviese allí la pieza que necesitaban para la máquina. Se adentraron cada vez más en la cueva pero ellos temían a perderse, así que, amarraron una cuerda a unas de las rocas cerca del mar y avanzaron.
Ellos mientras caminaban se encontraron con algo reluciente que les cegaba los ojos. Se quedaron un rato fijamente mirándola y el padre de Alex dijo -es esa la pieza que falta.
Al cogerla, una de las trampas se activó, y una flecha disparó e intentaron esquivarla y se escondieron detrás de una roca. Corrieron siguiendo la cuerda que habían dejado como rastro hasta llegar al final de la cueva.
Al pillarla volvieron a casa y allí montaron la máquina, y ya construida gracias a Alex y su padre Hugo consiguió sus sueños, y cada día de volver del colegio, entraba muy felizmente.

Mario